NORMA GRANADA |
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ÍNDICE
- 3.1. Valoración de árboles
- 3.1.1. Generalidades
- Elementos y herramientas del tasador
- Nota para los modelos de impreso para las valoraciones
- Nota sobre la valoración de árboles monumentales
- o singulares y catalogados
- 3.1.2. Árboles sustituibles
- Ejemplo de valoración de árbol sustituible. Caso 1
- Ejemplo de valoración de árbol sustituible. Caso 2
- 3.1.3. Árboles no sustituibles
- Ejemplo de valoración de árbol no sustituible
- Puntuación de los correctores del valor básico del ejemplar
- - Corrector intrínseco al árbol (Els)
- - Correctores extrínsecos al árbol. Factores extrínsecos (Ele)
- Tabla de constante de crecimiento (K) para palmáceas
- Ejemplo de valoración de palmáceas
- 5.1. Heridas en el tronco
- Ejemplo de valoración de herida en coníferas y frondosas
- 5.2. Pérdida de ramas
- 5.3. Destrucción de raíces
- Introducción
- Explicación del método
- Ejemplo de valoración de daños en raíces de coníferas y frondosas
- 6.1. Daños en corona
- 6.2. Daños en estípites
- 6.3. Daños en raíces
- Ejemplo de valoración de daños parciales en palmáceas
- 7.1. Especies dicotiledóneas (árbol convencional)
- 7.2. Especies monocotiledóneas (palmeras)
Las líneas de trabajo de nuestra Asociación son muchas y variadas, tanto como lo son los elementos y aspectos que tienen relación con los parques y jardines públicos. Así, el árbol, actor fundamental de las calles y zonas verdes de nuestras ciudades, es, como no podía ser de otra forma, centro y referencia de muchas de nuestras actividades. En este sentido, uno de los trabajos que sin duda han tenido más reconocimiento por los profesionales de la jardinería y que han conseguido darnos mayor proyección como Asociación, ha sido el Método de Valoración de Arbolado Ornamental, nuestra Norma Granada; ya que no sólo se ha convertido en un instrumento imprescindible para técnicos de la Administración y de empresas del sector, sino que es también utilizado habitualmente por jueces y letrados o por profesionales libres o del sector del seguro. Su primera versión data de los años ochenta, como resultado del trabajo de un grupo de personas que a buen seguro entonces no podían imaginar la enorme difusión que ha conseguido hoy la Norma y la gran utilización de que es objeto; sin embargo, la versión que todos conocemos y utilizamos, el Método para Valoración de Árboles y Arbustos Ornamentales, se debe a una revisión que se produjo una década después. Quede aquí constancia de nuestro reconocimiento a todos aquellos que, tanto en una como en otra ocasión, lo hicieron posible. Pero recientemente se ha considerado necesario hacer una nueva revisión de nuestra Norma Granada, y la obra que hoy ponemos en sus manos es fruto del considerable esfuerzo de un grupo de compañeros, para su actualización y renovación. Aún así, de la misma forma que en ocasiones precedentes, estoy convencido que con el tiempo evolucionará, y estando, como está, su utilización firmemente arraigada, su desarrollo es inevitable, como algo vivo.
Después de la publicación en 1990 de la primera versión de la Norma y de su primera revisión en 1999 aparece esta segunda revisión. El bagaje de más de quince años; la experiencia en el uso por parte de muchas corporaciones municipales y gobiernos autónomos y muy especialmente las sugerencias y aportaciones de sus usuarios en el sentido de intentar mejorar el acercamiento de los valores al valor real de mercado, especialmente en los tamaños más usuales en nuestras ciudades, hacían sumamente necesaria esta revisión. Lo mejor que podemos decir de la Norma Granada es que es una norma viva. Hablar hoy de Norma Granada es hablar ya de un procedimiento clásico de valoración de árboles ornamentales. Hace algunos años que no resulta tan extraño decir que los árboles tienen un valor diferente al de la sola madera. Durante todo este tiempo de funcionamiento de la norma muchos técnicos hemos tenido la oportunidad de contrastar en el trabajo práctico las muchas virtudes y algunas de las disfunciones de la misma. Baste un ejemplo: si tecleamos Norma Granada en un buscador de Internet aparecerán un sinnúmero de entradas con referencias y comentarios. La primera revisión perfeccionó la aplicación de la norma introduciendo valiosos elementos que complementaban y ampliaban la versión inicial como la valoración de heridas en tronco y sistema radicular. A lo largo de estos años de funcionamiento de la revisión de 1999, hemos estado recibiendo opiniones y sugerencias que en su mayoría se referían a los elevados valores obtenidos que en muchas ocasiones hacían de difícil aplicación práctica la norma. En otras ocasiones se manifestaba la discrepancia de valores según el precio o del tamaño del ejemplar de partida. A veces preguntas que no tenían respuesta han quedado en el aire por falta de datos objetivos de los que desgraciadamente todavía carecemos.
La aplicación práctica de todos estos años nos ha llevado a la comisión a plantear una reforma que pretende ser una evolución y hacer aún mas utilizable y universal la norma, mediante el establecimiento de conciertos con asociaciones hermanas de Iberoamérica, unido a las nuevas tecnologías que harán que los propios usuarios colaboren en la permanente revisión y corrección, aportando de manera constante los datos que sirvan para mantener actualizado el procedimiento, todo ello a través de la página web de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos.
Se ha pretendido también a la hora de hacer esta revisión dejar más claros algunos conceptos en aquellas cuestiones que han sido objeto de consultas reiteradas. Es el caso de las tablas de puntuación de factores intrínsecos y extrínsecos que modifican ligeramente su redacción. Muchos de los apartados permanecen prácticamente igual, algunos se mantienen incluso idénticos a la anterior versión. No quiero acabar esta introducción sin mencionar que la Norma Granada pretende ser un procedimiento objetivo de valoración, una herramienta que ofrece una pauta suficientemente clara para realizar valoraciones. No obstante, para su correcta aplicación, tal y como ya se mencionaba en versiones anteriores, el tasador deberá saber leer lo que el árbol dice. El lenguaje no es otro que el de la arboricultura, ciencia que compone palabras con las letras que le aportan la fisiología y anatomía vegetal, la fitopatología, la edafología o el sentido común. Quiero agradecer también a todos los técnicos a los que durante el proceso de realización de esta revisión han aportado sugerencias y comentarios contrastando el procedimiento que ahora se propone.